¿Estás enfermo? Entonces come menos: la estrategia olvidada del cuerpo

Cuando estamos enfermos, una de las primeras cosas que cambia es el apetito. No apetece comer. Lo interpretamos como una molestia, un problema… pero ¿y si fuera una estrategia? ¿Y si tu cuerpo, al rechazar la comida, estuviera activando un mecanismo de defensa más inteligente que cualquier jarabe?

Hoy vamos a explicarte por qué comer menos (o incluso ayunar) cuando estás resfriado o con fiebre puede ser una de las mejores decisiones para recuperarte más rápido.

Comer requiere energía… mucha

La digestión no es un proceso neutro. Requiere:

  • Activación del sistema nervioso parasimpático
  • Secreción de enzimas y ácidos gástricos
  • Movilización de sangre al sistema digestivo
  • Producción de insulina, bilis, pepsina, etc.

Todo eso implica un gran gasto de recursos, especialmente si la comida es abundante, rica en grasas, proteínas animales o carbohidratos complejos.

Ahora bien: cuando estás enfermo, tu sistema inmunológico también necesita esa energía.
Si la usas para digerir, la restas a tus defensas.

¿Y si no comiera… me muero?

No. De hecho, tu cuerpo ya lo sabe. Por eso:

  • Te baja el apetito cuando tienes fiebre
  • Te sientes más cómodo tomando solo líquidos
  • Prefieres infusiones, caldos o directamente ayunar

Esto no es un error. Es un mensaje. Tu cuerpo te dice:
“Para, no cocines dentro. Estoy ocupado combatiendo algo más importante.”

El ayuno activa tus defensas, no las debilita

Estudios han demostrado que comer poco o ayunar durante un resfriado o una infección viral:

  • Activa la autofagia, un proceso de limpieza celular que elimina patógenos y células dañadas
  • Reduce la inflamación sistémica
  • Limita el combustible (glucosa y aminoácidos) que algunos virus y bacterias necesitan para replicarse

Esto no significa dejar de comer durante días, pero sí respetar las señales:
menos es más cuando estás luchando por dentro.

¿Qué sí puedes tomar durante un resfriado?

  • Caldo vegetal o de huesos suave (aporta minerales y electrolitos)
  • Puré de calabacín, zanahoria y cebolla cocida
  • Infusiones con tomillo, jengibre, salvia o eucalipto
  • Agua con limón, o con un poco de vinagre de manzana ecológico
  • Nada de lácteos, harinas, azúcares o grasas saturadas

Conclusión: escucha al cuerpo, no a la costumbre

El mito de «tienes que comer para curarte» es solo eso: un mito.
Lo que realmente necesitas cuando estás enfermo es energía libre, no digestión.
Dale a tu cuerpo espacio para sanarse.
Y cuando vuelva el hambre real, sabrás que has ganado la batalla.

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