Versiones seguras de platos tradicionales: comer rico sin castigar tu intestino

Cuando tienes disbiosis, intolerancia a la histamina o sensibilidad digestiva, muchos platos tradicionales pasan de ser comida reconfortante a enemigos declarados. Pero no todo está perdido. La buena noticia es que puedes adaptar muchos de estos platos para que sigan siendo sabrosos, pero sin inflamarte.

Aquí tienes algunas versiones “tolerables” de clásicos que suelen dar guerra.

Paella sin bomba digestiva

La tradicional

Marisco, caldo envejecido, sofrito con cebolla, ajo, tomate, colorantes y a veces chorizo. Suma: histamina, grasas oxidadas, fermentación y recalentado.

Versión Zea

Arroz blanco con pollo fresco, calabacín y un toque de cúrcuma o laurel.
Sin sofrito, sin tomate, sin pimiento, sin marisco. Cocinada al momento, servida sin reposar. Sabe más limpio, pero sienta infinitamente mejor.

Cocido versión intestino sensible

El tradicional

Garbanzos, carne grasa, huesos recalentados, chorizo y un caldo que lleva horas en ebullición. Fiesta de histamina y grasa saturada.

Versión Zea

Caldo suave con pechuga de pollo, calabaza, zanahoria y arroz. Sin legumbre, sin hueso viejo, sin embutido. Puedes añadir cúrcuma o tomillo. Reconforta sin venganza digestiva.

Pizza sin drama intestinal

La tradicional

Harina de trigo, tomate, queso, embutido, champiñones. Gluten, histamina, lácteos, fermentación.

Versión Zea

Base casera de arroz o harina sin gluten (quinoa, sarraceno, mijo). Topping de calabacín, calabaza asada, pollo o huevo duro. Nada de queso, ni tomate, ni embutidos.
Y siempre recién hecha. Nada de sobras.

Guisos que cuidan

Los problemáticos

Lentejas con chorizo, estofados recalentados, sopas con sofrito y caldo industrial.

Versión Zea

Pechuga de pollo, arroz, calabaza, chirivía y laurel. Cocido a fuego lento solo con agua y sal marina. Ideal para días de síntomas o prevención.

Conclusión

No se trata de comer aburrido. Se trata de comer con estrategia.
Con las adaptaciones correctas, puedes seguir disfrutando de platos tradicionales sin pagar el precio con tu intestino.

Porque a veces, una paella sin marisco puede ser más placer… que dolor.

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