Te lo has comido. Ya está. No era el mejor día. No era el mejor alimento. Pero pasó.
Ahora lo importante no es flagelarte… sino actuar rápido para minimizar el daño.
Este protocolo está pensado para personas con disbiosis, sensibilidad digestiva o intolerancia a la histamina que han tenido un desliz alimentario (bollos, ultraprocesados, fritos, etc.) y no quieren pagar el precio durante dos días.
Reacción inmediata (primeras 2 horas)
Toma un vaso de agua tibia con un poco de limón o vinagre de manzana. Esto estimula el hígado, ayuda con la digestión de grasas y azúcares y puede frenar parte del impacto inflamatorio.
Prepárate una infusión digestiva suave: manzanilla, hinojo, anís o jengibre suave. Si ya tienes el estómago sensible, evita el jengibre y ve a por lo más neutro.
Sal a caminar 20 o 30 minutos. Nada de sofá. El movimiento activa la motilidad, reduce fermentación y mejora la respuesta vagal.
La siguiente comida debe ser salvavidas
Cuando te toque volver a comer (unas 5 horas después), elige algo muy fácil de digerir:
caldo casero, arroz blanco, zanahoria cocida, pechuga a la plancha o pescado blanco.
Evita fruta, fibra cruda, legumbres, grasas o cualquier cosa fermentable.
No combines más de dos alimentos distintos. Hazlo mono o bimodal.
Suplementos útiles si los tienes a mano
La glutamina (1–3 g antes de dormir o en ayunas) ayuda a reparar la mucosa intestinal.
Un simbiótico o probiótico suave puede ayudar, pero solo si ya sabes que lo toleras.
Las enzimas digestivas pueden servir si te notas muy hinchado o digestión lenta.
Una dosis baja de vitamina C puede ayudar a metabolizar la histamina.
El día siguiente importa (y mucho)
Si puedes, haz ayuno suave o un desayuno muy ligero. No comas por ansiedad o por culpa: come por reparación.
Apuesta por arroz, calabacín, pescado blanco, caldo.
Toma infusiones suaves cada pocas horas. Observa tu cuerpo y no lo sobrecargues.
No es una recaída. Es un ajuste
Esto no borra lo que comiste, pero sí puede evitar que se convierta en un brote.
No entres en modo castigo. Entra en modo ajuste.
Tener un plan reduce la ansiedad digestiva y acelera la recuperación.
Anótalo todo
Registra lo que comiste, cómo te sentiste después, cuánto tardaron los síntomas.
Esa información es oro para tu app, tu intuición y tu salud a largo plazo.
Conclusión
No se trata de ser perfecto. Se trata de saber reaccionar.
Y si vas a vivir con un sistema digestivo sensible, necesitas protocolos como este para navegar los días malos con inteligencia.






