María tiene 36 años y asegura que “se resfría” cada mes. Mucosidad, estornudos, dolor de cabeza y un cansancio que la deja fuera de juego dos o tres días. Pero lo curioso es que nunca contagia a su familia y, tras pasar el episodio, vuelve a encontrarse bien… hasta que la historia se repite.
Como María, miles de personas creen tener resfriados frecuentes, cuando en realidad podrían estar viviendo otra cosa: reacciones inflamatorias digestivas e inmunitarias que imitan casi a la perfección los síntomas de una infección viral.
Por qué se confunden tanto
El cuerpo dispone de mecanismos universales de defensa:
- Producción de mucosidad para arrastrar sustancias irritantes.
- Estornudos y congestión nasal como reflejos inmediatos ante histamina.
- Cansancio y malestar como señales de que el sistema inmune está activado.
- Dolor de cabeza o muscular por liberación de citoquinas inflamatorias.
Todo esto es idéntico a lo que ocurre en un resfriado viral. La diferencia es que, en lugar de un virus, aquí el desencadenante puede ser una comida o un desequilibrio intestinal.
Los verdaderos desencadenantes

Lo que muchas veces parece una gripe leve tiene otras raíces:
- Alimentos irritantes en un intestino sensible
Panes, bollería, café, alcohol o incluso verduras ricas en FODMAPs. Estos alimentos inflaman la mucosa intestinal y generan síntomas que se confunden con una infección. - Disbiosis intestinal
Cuando hay un desequilibrio del microbioma, bacterias indeseadas producen toxinas que activan el sistema inmune. El resultado es una “crisis” con malestar, mucosidad y cansancio. - Histamina acumulada o liberada
Ciertos alimentos (quesos curados, embutidos, chocolate, tomate) liberan histamina, que desencadena mocos, estornudos o dolor de cabeza. - Sobrecarga tóxica
Pesticidas, aditivos, alcohol o fármacos pueden saturar el hígado e irritar la mucosa, desencadenando lo que parece un “resfriado”.
Lo que dice la ciencia integrativa
La medicina integrativa y la psiconeuroinmunología han demostrado que el intestino y las vías respiratorias están íntimamente conectados. Un intestino inflamado altera la mucosa nasal y bronquial, facilitando síntomas respiratorios sin que exista un virus. Estudios recientes hablan del “eje intestino-pulmón”, donde una disbiosis intestinal puede predisponer a síntomas similares a infecciones respiratorias.
Cómo distinguirlos
No siempre es fácil, pero hay señales prácticas:
- Duración: un resfriado viral dura de 5 a 10 días; una reacción digestiva puede resolverse en 24–72 horas.
- Contagio: si nadie a tu alrededor se enferma, es más probable que sea reacción interna.
- Fiebre: los falsos resfriados rara vez producen fiebre alta sostenida.
- Patrón repetitivo: si siempre aparece tras comidas concretas o en situaciones de estrés, probablemente no sea un virus.
Qué hacer si sospechas que no es un resfriado
- Llevar un diario de alimentación y síntomas para detectar patrones.
- Simplificar la dieta unos días: sopas de arroz, verduras suaves, carnes blancas, compotas.
- Evitar irritantes comunes: café, alcohol, ultraprocesados, fermentados.
- Observar la respuesta: si los síntomas se reducen al simplificar la dieta, el origen no era un virus.
- Consultar con un profesional en salud digestiva o integrativa para una evaluación completa.
Cuidado con los antihistamínicos: alivian, pero no curan
Muchas personas recurren a los antihistamínicos cuando aparecen estornudos, mucosidad o malestar tras una comida. El efecto inmediato es engañoso: al bloquear los receptores de histamina, los síntomas desaparecen y parece que “no ha pasado nada”.
Sin embargo, el problema real sigue ahí. La mucosa intestinal e inmunitaria permanece inflamada, pero el cuerpo ya no puede enviar la señal de alarma. Esto lleva a una trampa muy común: volver a comer los mismos alimentos problemáticos una y otra vez, creyendo que se toleran, cuando en realidad están dañando la mucosa en silencio.
Con el tiempo, este ciclo de “comer – tomar antihistamínico – repetir” puede empeorar la disbiosis, aumentar la permeabilidad intestinal y potenciar la hiperreactividad inmunitaria. El resultado es que llega un punto en que ni los fármacos consiguen apagar todos los síntomas y el organismo entra en un estado de intolerancia múltiple.
Los antihistamínicos pueden ser útiles de forma puntual, pero nunca deberían ser la excusa para ignorar la causa real de la reacción. Lo importante es identificar los alimentos o factores desencadenantes y trabajar en la reparación del sistema digestivo.
En este artículo hemos visto cómo muchos falsos resfriados son en realidad reacciones digestivas. Pero también es importante entender el papel de los antihistamínicos, que pueden enmascarar el problema y empeorarlo a largo plazo. Descubre aquí por qué abusar de los antihistamínicos puede ser un error.
Conclusión
Los virus existen, y los resfriados también. Pero una parte muy significativa de lo que llamamos “resfriados repetidos” son en realidad crisis de inflamación digestiva e inmunitaria.
La buena noticia es que, cuando comprendemos este mecanismo, podemos reducirlos drásticamente ajustando la alimentación y cuidando la salud intestinal.
En Zellium creemos que cada síntoma es un mensaje. Por eso, nuestra app ayuda a relacionar alimentos y reacciones para que no vivas en la confusión y recuperes el control sobre tu bienestar.
Referencias científicas
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- Budden, K. F., Gellatly, S. L., Wood, D. L., Cooper, M. A., Morrison, M., Hugenholtz, P., & Hansbro, P. M. (2017). Emerging pathogenic links between microbiota and the gut-lung axis. Nature Reviews Microbiology, 15(1), 55–63.
- Fasano, A. (2012). Leaky gut and autoimmune diseases. Clinical Reviews in Allergy & Immunology, 42(1), 71–78.
- Bischoff, S. C., et al. (2014). Intestinal permeability – a new target for disease prevention and therapy. BMC Gastroenterology, 14, 189.






